Cataluña tiene naturaleza plural y diversa, como plurales y diversas son las escuelas y corrientes pictóricas que se desarrollan en su territorio.

 

   

Sus paisajes abruptos y montañosos, duros y acogedores en el seno de los pequeños valles recogidos, protegidos, tornasol de luces y contraluces; su costa bañada por el Mediterráneo, cuna de cultura y culturas, que se mece entre bravo y acariciador por unas tierras amables, origen de riqueza y de ensoñación; sus ciudades, metrópolis universales que coexisten con pequeños pueblos de sabor medieval, con ruinas milenarias, reflejo del esplendor pasado y testimonio de grandeza presente y futura; los paisajes de Cataluña han sido y son fuente de inspiración de artistas y pintores.

La pintura del paisaje como tema alcanza en Cataluña su primer esplendor en el siglo XIX, con figuras de renombre internacional, capaces de captar de forma virtuosa los valores intangibles de la naturaleza. El realismo, como actitud estética y artística, superadora de corrientes alejadas de la realidad, ha sabido sobrevivir a modas y tendencias y, en los albores del nuevo milenio, ha experimentado un nuevo resurgir en todas las tierras de España.

Entusiasta seguidor de esta corriente, Augusto Ferrer Dalmau ha captado la grandeza de la naturaleza, de los paisajes urbanos, de la recreación histórica; con la precisión del artista que se complace en su técnica depurada, y que es capaz de destilar sensibilidades sutiles, reflejo de la inmensidad de la naturaleza y de la grandiosidad de la obra del hombre.

A través de los elementos plásticos que Augusto Ferrer Dalmau domina con maestría y sentimiento, capta la insondable dimensión de unos parajes naturales que mediante su obra, despiertan el interés estético de quien la observa. Los paisajes urbanos, abigarrada concentración de cemento y asfalto, de bulevares y plazas, de callejuelas angostas y cielos enturbiados por la acción del hombre reciben en su pintura un tratamiento clarividente, exacto, cargado de precisión, pero en el que el efectismo y la escenografía no impiden percibir al observador la fuerza del sentimiento sobre una realidad, expresada con una sólida técnica de excelente dibujante y magnífico colorista, en la que el juego de las luces y contraluces provoca la emoción de quien la admira.

Por su formación, Augusto Ferrer Dalmau es heredero del realismo pictórico catalán del siglo XIX, por su técnica, por su obra y por su sensibilidad es exponente del movimiento realista del XX, y por su juventud, garante del realismo catalán del nuevo milenio.

                                                          Jorge Fernández Díaz

                                                                    S.E.M.C.

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Augusto Ferrer Dalmau interpreta la soledad del paisaje que un día fue habitado por el hombre. En sus composiciones pictóricas está presente siempre una construcción en ruinas, que puede ser la pared de piedra de un cenobio abandonado por los monjes que se dedicaban allí a la oración y a la vida contemplativa; o una vieja atalaya que los señores de un antiguo castillo habían erigido como defensa ante las incursiones de los árabes u otros feudales con los que litigaban. Es una forma de pintar efectiva y escenográfica, pero realizada con gran dignidad y que sirve plenamente a sus propósitos artísticos.

El pintor presenta vastas panorámicas en las que las laderas de una montaña y los cielos siempre nubosos cierran las composiciones. A la derecha o a la izquierda, en primero o segundo término, según sea mejor, él da protagonismo a las ruinas; después, establece una estructuración gradual de campos, árboles y piedras que le permiten hallar diversidad de situaciones ambientales. La realidad o irrealidad de los paisajes que pinta, así como de sus encuadres de raíz cinematográfica con los que se complace, tienen una importancia secundaria en su pintura. El mérito de la misma reside, especialmente, en el metódico trabajo técnico de Ferrer Dalmau y en la habilidad con que el pintor sabe despertar el interés estético entre un amplio público que se ve reflejado en las emociones provocadas por escenas románticas leídas en libros o vistas de cine.

A pesar de su convencional argumentación, la pintura de Ferrer Dalmau no es de elaboración sencilla. Es necesario disponer de su sólida técnica, bien aprendida y repleta de recursos para poder llegar a interesar a un sector de seguidores de una pintura simplemente realista - sector más amplio que otros, pero también reducido - que en su ámbito es muy exigente y pide unas perfecciones que no todos los pintores pueden ofrecer. Ferrer Dalmau sabe hacerlo y consigue siempre los efectos que se propone.

                                                                     J. Mª. Cadena

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En pocas ocasiones uno se siente conmovido por algún elemento externo, la vida que llevamos no permite demasiadas libertades en ese sentido. Sin embargo existen algunas cosas que tiene la virtud de penetrar en nuestro interior y de transmitirnos algo, una sensación que, a menudo, no se concreta, que simplemente es sentimiento. Para mí, eso es Arte. Una ventana al mundo interior que se desarrolla en el inconsciente de cada uno de nosotros y que sólo se abre, en la mayoría de los casos con algún estímulo externo, una tonadilla, una fotografía, un libro, o una obra pictórica.

Es el caso de la obra de Ferrer Dalmau, en ella, el autor nos transmite los sentimientos más puros que emanan de una imagen, producto de la realidad urbana más cotidiana, o de los magníficos brazos de un olivo que se elevan buscando un cielo plomizo cargado de amenazas, o de la serenidad de un arroyo en el recodo de paz que forma la sombra proyectada de la maleza, que lo franquea.

Imágenes, en fin, que nos contemplan. Imágenes que, a través de una gran maestría y dominio técnico, Ferrer Dalmau sabe hacernos llegar, sólo para decirnos que el mundo hasta una lastimosa tinta ruina alberga belleza, o nobleza u orgullo. Será cada uno de nosotros el que ponga nombre a ese sentimiento, yo por mi parte ya lo he hecho y les invito a que hagan Uds. lo mismo. Disfruten del arte...

                                                  Isidro Batlle

                                                  Director Creativo

                                    CBI Comunicación Global